22 octubre 2014

LÁGRIMAS

Deby Ballarella


Había una vez un sapo,
que en día se enamoró, 
de otro hermoso batracio
que su corazón flechó.

Se trataba de una rana
con dos enormes pestañas,
que al mirar intencionada
a todos ilusionaba.

De piel lisa y piernas largas
su verde cuerpo adornaba,
con moños de mil colores
y zapatos de tacones.

Una noche se animó
y el sapo le confesó
a la rana desalmada
lo mucho que él la amaba.

Mas la rana displicente
lo dejó sin aliciente:
"Eres sapo de otro pozo,
tú no puedes ser mi esposo."

El galán está llorando, 
porque no imagina cuando,
encontrará otro amor,
de su misma condición. 


                                                            


No hay comentarios: