Caperucita y el lobo Caminando por los bosques de Palermo, es posible cruzarse con la mismísima Caperucita Roja. En el parque de la avenida Sarmiento, entre del Libertador y Figueroa Alcorta —en plena ciudad de Buenos Aires—, se encuentra esta hermosa obra de mármol. La misma fue cincelada en 1937 por el escultor francés Jean Carlus. Su primera instalación fue en la Plaza Lavalle, hasta que en 1972 fue trasladada a su ubicación actual en el bosque. En la escultura, Caperucita lleva una canasta repleta de comida para su abuelita en una mano, y en la otra, el ramo de flores que recogió en el camino. Por el gesto tranquilo de su rostro, se nota que no imagina que el feroz lobo la observa desde muy cerca. ¡Qué miedo!
MARÍA ELENA WALSH Versos tradicionales para cebollitas Para alegrar la reunión con el permiso de ustedes, les voy a contar el cuento del viejo Tomás Paredes. Hombre rico por demás y de fortuna cerrada: mucho campo, muchas vacas y mucha plata enterrada. Cuando quería comer sus vacas no estaban buenas. Para comer carne gorda volteaba vacas ajenas. Dormía de un solo ojo para soñar más barato y no salía a pasear por no gastar los zapatos. Para lavarse la cara esperaba que lloviera y escribía sus apuntes en unas hojas de higuera. Fumaba piola picada y hacía vino de tomate y en unos botines viejos este hombre tomaba mate. Montaba desde una silla por conservar los estribos y una vez perdió un dinero por no entregar el recibo. Al final en un arroyo, pues no quería dar nada por no dar un grito fuerte lo llevó la correntada.
Una historia plagada de tradiciones, traiciones y promesas incumplidas Presagio de carnaval es una novela breve, pero también podemos considerarlo un cuento largo. Si bien encontramos retrospectiva que nos ayuda a entender hechos y personajes, la acción se desarrolla en un lugar y un día determinado: en la plaza popular durante el carnaval, fiesta en la que solo por una noche algunos se animan a vivir más allá de lo permitido. "El día que Mijail preguntó por Ángela y el carnaval, Sabino escuchó el retintín de la desgracia, el cencerro de la muerte. Bien sabía que cuando la tragedia se pone en movimiento, ya no hay quien la detenga." La pluma de Bodoc se aleja de su habitual fantástico, para escribir una historia más anclada en la realidad. Un relato simple, dividido en tres partes que atrapa desde la primera línea, sin importar que el final lo sepamos desde el inicio. En carnaval caen las máscaras sociales y todos somos iguales por un rato. Sin embargo, ese...
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