Nos vemos en la feria...

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Organizada por la Fundación El Libro

13 mayo 2011

No tiene arreglo

Mira Mabel, lo he pensado mucho antes de decírtelo. No creas que fue fácil tomar la decisión. Di vueltas y mil vueltas mientras picoteaba los canapés que parecían no tener fin. ¡Que cantidad de mozos! ¡Cuanta comida! y bueno... está bien, no todos los días se casa el hijo único. Típico de Marta y Alfredo. Tirar la casa por la ventana, darse el gran porte y después están tres años pagando el crédito. Así son tus cuñaditos. Tambien son los míos, pero bueno, ese no es el tema, no me quiero ir por las ramas. Igual, que necesidad de poner humo en el vals como si el salón fuera el cielo, y los tipitos esos tocando los violines. Esa fue Marta, seguro.


Bueno, basta, lo que quiero decir es una pavada. Perdoná que me ría, pero si tuviera un poco mas de confianza con vos sería más fácil. Reconozco que no somos amigas, pero estamos unidas por el espanto de tener la misma suegra. Y eso es más de lo que comparto con mucha gente, incluyendo mi marido y excluyendo a su amante. Por esta bendita familia política, me solidarizo con vos. Creéme, que de no ser por esta unión, confieso que disfrutaría mucho la situación, regodeándome con mis ocacionales compañeras de mesa. Comprenderás que estas cosas son la comidilla de toda fiesta. Mucho más si estás sola y al pedo como yo. La verdad, hay gente que ni conozco, y a los que sí, los quiero a doscientos metros de distancia.


Es cierto que te podría ahorrar el mal momento de enterarte ahora, pero con tantas cámaras filmándolo todo, la imagen quedará, sin dudas, para la posteridad. Tenés que ir haciéndote a la idea, amiga, serás comentario obligado cada vez que se cuenten anécdotas de esta mega fiesta.


De todas formas siempre puede ser peor, por eso prefiero decírtelo yo, y no darle el gusto de humillarte a esa vieja de mierda, tu suegra. Debe estar esperando decírtelo frente a extraños, con esa media sonrisa diabólica a la que nos tiene tan acostumbradas, actuando una preocupación que disfruta, la muy perra.


Bueno, basta. Va a empezar el quinto show, te lo digo:


Me di cuenta cuando atravesaste el salón para saludar al tipo ese. No al pelado, al otro, al que está con esa mina toda paqueta, con cara de pedir una fracción de brie en lugar de un pedazo de queso. Bueno, cuando fuiste a saludar a ese, en fin... se ve que no llegaste con la dieta o tal vez comiste demasiado en la recepción y el efecto fue inmediato. No lo sé, pero se te descoció el pantalón en el medio del culo. dejando al descubierto una maxi bombacha color carne. Te juro que no sé que es peor: si el agujero o la bombacha. ¡Que necesidad!¡¡¡Tenés cuarenta y siete años, no setenta y cuatro!!!


Pensé, rogué, supliqué para mis adentros y con todas mis fuerzas:"Que se siente","que se siente", pero no, te quedaste parada toda la charla, que por cierto fue bastante larga, de espaldas al centro del salón. Perdón, me rio de los nervios. La señora y el marido no se dieron cuenta, por lo menos hasta que te diste vuelta para volver a tu mesa. No te pongas mal. Ya sé, era muy importante para vos quedar bien con esa gente, pero bueno, un accidente. No te pongas así. No es "tanta" vergüenza. Aparte, no seas injusta, ahora no me hagas sentir mal. Te dije que me costó mucho decírtelo. No hagas que me arrepienta. Dejá de llorar y fijate si conseguís alguien que te preste hilo y aguja, aunque no sé... para mí ese pantalón no tiene arreglo.


Cuento de mi autoría, publicado en http://apalabrados.blog.arnet.com.ar